Tengo cierta fascinación por los personajes históricos y por supuesto Alejandro Magno (nacido en 356 AC) figura a la cabeza.
Recuerdo a mi papá contarme algunas historias, aquella de que “se sentó y lloro porque no había nada mas que conquistar” siempre fue mi favorita, casi que podía ver aquel gigante sentado y cabizbajo, lamentando su suerte… de haber alcanzado todos sus retos!
Curiosamente ayer, llego hasta a mi correo otra historia, que a partir de ahora será mi nueva favorita:
Encontrándose al borde de la muerte, Alejandro convocó a sus generales y les comunicó sus tres últimos deseos:
1 – Que su ataúd fuese llevado en hombros y transportado por los mejores médicos de la época.
2 – Que los tesoros que había conquistado (plata, oro, piedras preciosas), fueran esparcidos por el camino hasta su tumba, y…
3 – Que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd, y a la vista de todos.
Uno de sus generales, asombrado por tan insólitos deseos, le preguntó a Alejandro cuáles eran sus razones.
Alejandro le explicó:
1 – Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para así mostrar que ellos NO tienen, ante la muerte, el poder de curar.
2 – Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí permanecen.
3 – Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías, y con las manos vacías partimos, cuando se nos termina el más valioso tesoro que es el tiempo.
Alejandro no era un hombre cualquiera, tenia un espíritu fuerte y conquistador que le llevo a hacer cosas imaginables y sin embargo en sus últimos días tiene clara conciencia de que ante la muerte nadie puede hacer absolutamente nada…
Feliz Vida…



Que excelente historia.